22 de enero de 2013

¡Carta de Paullina + escena inédita!

Como prometí a finales de diciembre que en enero vendría con una sorpresa…  ¡Aquí estoy!

En diciembre del 2011 salió en Australia una edición especial de El jinete de bronce que incluía extras: Una carta de Paullina y una escena eliminada entre Tatiana y Alexander. Pues bien, gracias a nuestros amigos italianos del blog Il Cavaliere d'inverno que lo tradujeron, yo hoy os lo traigo en exclusiva en español para todos vosotros, ya que si no vuelven a editarlos el libro dentro de unos años y nos incluyen estos dos añadidos, no lo tendremos nunca...   así que, aquí lo tenéis.

¡Que lo disfrutéis! ;)



 
***
Edición especial El jinete de bronce de Paullina Simons
Traducción exclusiva del blog en español «El jinete de bronce | Paullina Simons Spain» 


Carta de Paullina Simons

Querido lector:
Me complace presentarte esta edición especial de El jinete de bronce.
Han pasado once años desde que se publicó mi cuarta novela por primera vez, y desde entonces todo ha sido una gran aventura.
Lo que inicialmente creí que sería un libro con un epilogo lacerante, se convirtieron en dos libros trágicos, luego tres libros fabulosos, después tres libros con un libro alegre de cocina y otro libro histórico que vendrá después, sobre las dos personas que ponen en marcha los libros que ya has leído: el padre de Alexander, el idealista e intenso Harold Barrington y la madre de Alexander, la romántica y juiciosa Gina. Entonces se ha convertido en una trilogía de cinco libros. (Me había jurado que si me hacia escritora no habría matemáticas).
Como un regalo para ti, en esta hermosa edición limitada que tienes en tus manos, escribió una escena entre Alexander y Tatiana. La réplica y la respuesta entre los  dos, que espero que sirva a dos propósitos: para amplificar los momentos de calma en suspensión, cuando él se reúne con ella a la salida de su trabajo en la Kirov y caminan juntos hasta su casa, demostrando todos su sentimientos dulces, las bromas, el humor, pero también la escena toca detalles vivos que tienen un valor fundamental para la historia de Jane y Harold Barrington, antes de que se conviertan en los padres de Alexander, cuando también eran solamente dos jóvenes a punto de saltar de un trampolín hacia la edad adulta, el amor, el anhelo y los conflictos.
Y luego en el diálogo pacífico entre nuestros dos héroes se desarrolla la fotografía en color de otra vida, la de una inmigrante italiana y un snob en Boston, involucrados en una historia de amor imposible, tan lejos de Rusia, Leningrado y la Segunda Guerra Mundial, como Júpiter lo está de Marte, pero...  aquí, más allá de los muros de la Kirov, camina el hijo de su unión desafortunada a través de las calles desiertas, un soldado en el ejército de otra nación con una chica rusa a su lado. ¿Cómo surgió esa relación, hasta ahora imposible para asegurarse de que Alexander pasease cerca de una parada de autobús, mientras que Tatiana estaba comiendo un helado?
Esa es la historia de otro libro que pronto podrás leer. Mientras tanto, espero que te gusten las nuevas páginas entre Alexander y Tatiana.
Hasta pronto,
Paullina



Edición especial El jinete de bronce de Paullina Simons
Traducción exclusiva del blog en español «El jinete de bronce | Paullina Simons Spain» 

Escena Inédita

El día entero de Leningrado estaba sumido por la humedad y la niebla, Tatiana caminaba          lentamente esa noche ¿O caminaba lentamente por la húmeda niebla  que había...? Su cuerpo estaba luchando contra el avance del aire espeso, porque avanzar significaba que pronto se separarían. Así que se demoró  y Alexander no tuvo más remedio que atrasarse también.
—Sin embargo, continúa ¿Qué decías?—Esperaba que él le recordara lo que estaba diciendo.
—He estado diciendo que acampábamos en los pantanos.
—No, no. Me estabas diciendo que sobre las playas del océano.
—Estoy bastante seguro de que eran las tiendas de campaña en los pantanos.
—Algo llamado algodón de azúcar. ¿Qué es realmente? ¿El azúcar puede estar hecho de tela? ¿Comen esas cosas en Estados Unidos?
  —Es  muy difícil dormir en el agua—continuó como si ella no hubiera hablado—Armamos las tiendas y luego las envolvimos en nuestras trincheras. No funcionó. Por la mañana estábamos empapados. ¿Puedes  imaginar el terreno de cultivo de enfermedades, las infecciones constantes que nadie puede evitar? Así es como hemos perdido tantos hombres en Finlandia. No por los finlandeses, sino por el pantano. 
¿Pantanoso, como ahora...? Estaba húmedo y nublado. Los ejércitos de mosquitos se emborrachaban  de carne humana, sobre todo la de Tatiana. Perdido en sus pensamientos,  espanto una con la mano centrado solo en el.
  —Vamos, la tela no es tan deliciosa. Es gomosa. ¿Es gomoso el azúcar?
  —No, esos son los toffees. Esos son gomosos. Y tienen un relleno que se sale. Pero no me estás  escuchando.
  —¿Relleno? No, yo te escucho, te escucho. ¿Podemos volver al azúcar hecho de tela? ¿Es debido a que producen mucho algodón en Estados Unidos? ¿Para tus pantalones vaqueros azules?
El Sonrió orgulloso de la profundidad de su ignorancia.
  —Sí, comemos azúcar al gusto denim. No. El algodón de azúcar se dispara a una alta velocidad para que sea como un hilo. Se envuelve alrededor de un palo. Voilà, algodón de azúcar.
  —Oh, así que es una metáfora.
  —No, es azúcar real.
  —El hilo es una metáfora.
Él suspiró—Supongo que sí. ¿Estás cansada? —Preguntó de repente.
  —¿Por qué?—Giro quedándose frente a él, moviéndose más lento y más lento. — ¿Estás cansado? ¿Quieres sentarte?—¡Tenía que dejar de jugar a ser tan impaciente! Como una chica esperando un algodón de azúcar.
  —Me siento si lo deseas. Pero yo no soy el que está caminando hacia atrás. Si ralentizamos  un poco el paso dejamos de caminar.
  —¿Quieres parar?
  —¿Tú?
Caminó hacia atrás frente a él, para que ella pudiera verlo hablar y poder de esa manera hacer  que fuera más lento. Miró sus ojos. Impasibles, excepto cuando se acercó al bordillo. Entonces  la miro más intensamente  y le guiñó un ojo. Eso fue lo que la informo del obstáculo y, con una sincronización perfecta, dando un paso más largo y atento y delicado, salto dando la impresión de que tenía los ojos detrás de la cabeza, y cuando lo hizo por cuarta vez, él la miro con asombro, pero ella siguió caminando y hablando.
  —Entonces, ¿cómo se preparan los toffees de agua salada?
  —No lo sé. Es como el caramelo.
  — ¿Al igual que el algodón de azúcar?
  —No. Que se derrite en la lengua.
  —¿Es como el helado? 
La estudió divertido—Creo que sí. Menos frío. ¿Quieres un helado?
  —No me importaría un poco de algodón de azúcar. Él sonrió. Le guiñó un ojo. Ella saltó por encima de la acera. Él la miró con asombro. Ella se echó a reír.
  —¿Dime por qué no puedes encontrar un terreno seco para montar tu tienda de campaña?—pregunto Tatiana— ¿Por qué los soldados del Ejército Rojo estaban en un pantano? ¿Por qué no pudieron atar una hamaca entre dos árboles y estar fuera de la tierra? ¿Has estado todo el invierno en Finlandia? ¿Y cómo de lejos en Finlandia? Nunca he estado en Finlandia. Suena interesante. Pero también es desagradable estar en Finlandia con frio, para combatir durante el invierno. Es una pequeña cortesía, lo sé, pero si Hitler tuvo que invadir y traicionar a los suyos, es mejor en verano, ¿no? Una guerra en invierno suena terrible. 
  —Ya veo, así que estabas escuchando. Sin embargo una guerra en verano no es un picnic.
  —¿Qué es un picnic?—¿Hasta dónde podía caminar hacia atrás así? El se lo haría saber ¿No? quiño, saltar.
Y entonces la miró, su expresión se aclaró en un entendimiento lento, como si supiera algo de ella.
  —Estábamos casi en Vyborg. Si hubiéramos tomado Vyborg, habríamos ganado la maldita guerra. Pero hemos perdido demasiados hombres a causa de las temperaturas extremas y del equipamiento insuficiente. Ha…  Hamacas, ¿en serio? ¿Hamacas para los soldados soviéticos? ¿Dónde estamos, en Miami Beach?
Llegaron  al final de otra acera y esta vez,  Alexander simplemente siguió caminando sin dejar de respirar, sin parpadear y sin cambiar el ritmo. No importaba. Tatiana había calculado la distancia en la que el universo matemático ató su cerebro a sus pies. A juzgar por el tiempo empleado y el número de pasos que había hecho desde el principio de la calle, consideró que era casi la hora de otro bordillo. Extendiendo su pie hacia atrás en un largo arco, bajó de la acera, sin ni siquiera variar su ritmo con un movimiento de cabeza.
  —No entiendo por qué estás tan escéptico. No piensas realmente que Hitler todavía estará aquí en invierno. ¿Qué? ¿Hablas en serio? ¡Oh, vamos! 
Alexander seguía tratando de hacerle preguntas, pero Tatiana no respondió a ninguna de ellas. Ella era la cosa menos interesante en las calles húmedas de Leningrado y también una expresión de él que le había visto, hablando sobre algunos pequeños aspectos de su vida y de su infancia, la que la confundido profundamente y la hizo dejar de hacer cuentas aritméticas en su cabeza para tratar de evitar una mala caída. Él preguntó:
  —¿Entonces juegas al dominó? ¿Eres buena?
  —¿Yo? No. No gano casi nunca. ¿Y tú? ¿Juegas?
  —Sí, soy muy bueno.
—¿En serio? ¿Te enseñaron a jugar al dominó en Estados Unidos?
—No, he aprendido aquí. ¿No dijiste que acabaste en una trampa para osos? ¿También había un oso dentro?
—Si hubiera estado, el oso ahora estaría aquí, bailando frente a ti en mi lugar—Dijo.
—Un oso bailarín— Sonrió él—Háblame de la trampa, ¿era muy profunda?
Asintió con indiferencia:
—Sí, pero es muy aburrido. Entonces, ¿Qué mas coméis en tu América, aparte del algodón de azúcar y el chicle? ¿Has comido carne de búfalo?
—Por extraño que parezca, no teníamos pastos de búfalos en las calles de Boston. El otro día oí a Dasha que dijo que ¿eras capaz de cruzar nadando el rio Luga de una orilla a otra? ¿Todo el rio? ¿Y también tú hermano?
—Sí, pero él es un cobarde. Como el caramelo que has mencionado. ¿Y tú? ¿Nada de búfalos ni de ríos en Boston?
 —Sí, hay un río en Boston—corrigió, casi indignado—El Charles. Pero yo nunca nadé.
 — ¿No? ¿Por qué no?
 —Bueno…  yo tenía ocho años para empezar. Tal vez nueve.
 —Oh—Tatiana no quería decirle cuántos años tenía la primera vez que cruzó a nado el Luga. Cinco. Aquí eso era mucho—¿Lo hicieron tus padres?
 —No lo sé. Fueron en barco algunos domingos  antes de que yo naciera. A mi madre le gustaba remar.
— ¡A mí  también!—Exclamó Tatiana, pero Alexander hablaba con dificultad y con los ojos vidriosos. Ella ralentizo un poco el paso, deteniendo en su lugar las cuentas  aritméticas, observando su rostro cuando cambió luchando con la gravedad de un recuerdo distante y claro. 
—Entonces, ¿cómo sabes que a ella le gustaba remar?
—Porque—Dijo finalmente—creo recordar mientras remaba en alguna parte que no era Boston. Ni siquiera es un recuerdo, es un sentimiento vago sin forma. Había cortinas blancas revoloteando—Continuó—y más allá de ese velo transparente, una extensión de agua que parecía un río, pero no era un río. ¿Sabes lo que quiero decir?
Ella no respondió. Luchó para entender lo que quería decir. Sus recuerdos parpadearon como burbujas delante de ella.
Él se encogió de hombros—Parece que fue un sueño. Sin dinero y pasado. A menudo pienso que yo solo soñé.  Pero su ansiedad visible era demasiado específica para que fuera solo  un sueño.
  —¿Por qué no le preguntaste a tu madre?
  —Bueno, yo…  yo lo hice. Pero demasiado tarde. Cuando ya era demasiado tarde para obtener respuestas. Ella se había vuelto tan amargada. Vivíamos en Leningrado; estábamos cerca del final, y sabíamos que era el fin, el fin de la esperanza, los sueños de un futuro, una vida mejor. El fin de todo. Le conté sobre el lugar que vi en mi mente. “Este es el único lugar que existe” respondió ella. “Sí, pero ¿es real?”, Yo quería saberlo. Por alguna razón, quería verlo, quería ir allí. Necesitaba creer que era real. Como lo describí. Y tenía esa mirada lejana en sus ojos, como si lo recordara también. “No” dijo, “No es real. Es sólo una ensoñación”. Y luego miró a mi padre. Y él le espeto “¿Por qué me miras así, mujer tonta? No tengo ni la más remota idea de lo que está diciendo tu hijo. Nunca hemos vivido en un rio”.
—Tu hijo—repitió Tatiana.
—Oh, le gustaba llamarme así cuando estaba enfadado con ella.
— ¿Por qué estaba enojado con ella?
—No lo sé. Los dos estaban en un estado constante de infelicidad en ese período.
—Veo lo que quieres decir—Tatiana asintió con la cabeza, la imagen de sus padres huraños y cabreados le saltó a la mente en un sombrío recuerdo.
—Creo que el matrimonio es así—dijo Alexander—Cada matrimonio que he visto es un poco así.
—¿Estás seguro de que no es la Unión Soviética?
Él se echó a reír—No. Estoy seguro de que es el matrimonio. 
Ella lo estaba mirando— ¿Así que nunca fueron felices tus padres?
—Ellos fueron felices una vez—dijo el—Hace mucho tiempo.
—¿No estaban enamorados? 
—Una vez—respondió—Cuando era muy joven.
Ella lo miró, se acercó de nuevo y se mordió los labios—¿Aquí es donde se conocieron? ¿En el río?
Él sonrió—No. Pero ojalá pudiera oírles contar la historia de su primer encuentro.
«Dímela  tú», pensó Tatiana.
—Mi madre dijo que fue amor a primera vista. Mi padre dijo: “amor unilateral a primera vista,  tal vez”. “Trató desesperadamente de ocultar sus sentimientos por mí” decía mi madre. “No tenía sentimientos”, respondió mi padre, “¡tenías doce años!.  “Yo tenía casi quince años” le corrigió mi madre, “y ocultabas tus sentimientos”. “Sí, sobre todo para mí”, dijo mi padre.
—Pero, ¿cómo se conocieron?
—Mi madre desembarco de un  barco desde Italia. Mi padre y su amigo estaban esperando en el puerto. Habían puesto en marcha una empresa mientras iban a la universidad. Ayudaban a los inmigrantes con hogares y empleos, prestando su dinero, adquirido de los apartamentos, y para esto tuvo un porcentaje de cada centavo que los inmigrantes  ganaron durante veinte meses. Era como si se trataran de agentes de Estados Unidos—sonrió.
—¿Entonces ella desembarco, lo conoció y se enamoró de él?—Dijo Tatiana—¿Así?
—En realidad no—El no dijo nada y voluntariamente dejó de sonreír—Tenían un par de cosas que resolver primero.
Ella se aseguró de no encontrarse con el color Crème brûlée de sus ojos cuando dijo:
—Sin embargo, todo salió bien al final—dijo Tatiana, restando importancia al tema con vivacidad. «Después de todo tu estás aquí». Quería tomar una respiración profunda, pero se obligó a no hacerlo.
—¿Ha funcionado?—Fue todo lo que contestó Alexander, bloqueandola y dejándola sin palabras.
Él tenía su propia manera de hacerlo. La pregunta era una cuestión falsamente inofensiva, y entonces él  la hizo pensar en las horas en las azoteas de los edificios pre-bombardeados, lo que él había querido decir.
Alexander soltó un suspiro—La última vez que lo mencione, estábamos en un tren de regreso de Moscú, habían fracasado en el intento de que entrará en la Embajada Americana. “Mamá”, le dije, “Por favor, dime que es real el lugar con las sabanas blancas cerca del océano, donde nuestro patio era un río”. “No, hijo”, dijo ella. “No era real” Pero fue ahí donde me di cuenta de que mi vida se precipitaba de cabeza hacia una grieta, y no era capaz de detenerla.
«En una trampa» dijo Tatiana para sí, y de repente le quería contar lo de su oso del  Lago Ilmen. Sintió que Alexander necesitaba desesperadamente oír esa historia.
El había escuchado con tanta atención que se le olvido contar los pasos que llevaba a lo largo del bordillo. La acera estaba detrás de ella, y que le hiciera un guiño o no, ella no podía saberlo, tropezó y se tambaleó hacia atrás, pero rápidamente el brazo de él se inclinó hacia adelante, y la tomo por la pequeña cintura.
Ella lo abrazó, el se enderezó casi tropezando consigo mismo con sus botas militares y las de trabajo de ella. Por un momento él no la soltó, siguió sujetándola. Ella tosió sosegadamente, se aclaró su garganta de diecisiete años, miro a los botones del uniforme del pecho contra el que su rostro estaba casi presionando y lo aparto. Literalmente lo empujo, porque le pareció que por un segundo él no quisiera dejarla marchar.
Tonta, ilusa,Tatiana.
Comenzaron a caminar, y no hablaron, ni ralentizaron el paso de nuevo. Cerca de Quinto Soviet, casi en casa, mostrando toda su desenvoltura—como si fuera una cosa normal para el llevarla de vuelta a su casa durante ocho kilómetros desde la Kirov—le preguntó: —¿Así que nunca supiste el nombre de ese lugar? 
—Mi madre nunca me lo dijo—dijo Alexander—Pero en Boston, durante una discusión, una vez escuché a mi padre que se lo gritaba. Yo no sabía lo que significaba, pero estoy seguro de que era eso.
—¿Qué dijo?
—“Ya estamos otra vez, siempre con la maldita Bellagrand”—dijo Alexander, saludándola y golpeando sus talones.


16 comentarios:

  1. Ohhh! Que chulo volver a leer momentos así, muchas gracias por compartirlo:)
    Bicos!

    ResponderEliminar
  2. ¡¡Muchas gracias por traducirlo!!

    ResponderEliminar
  3. è bellissimo vedere questo pezzo tradotto anche in spagnolo! sono proprio felice che il blog italiano sia stato utile.
    La scena inedita è ricca di significato...soprattutto perchè si collega al nuovo libro di Paullina Children of Liberty. ^_^ speriamo che venga pubblicato anche in altre lingue...se no procederemo con la traduzioneeee!! eh eh!

    ps. bellissima l'anteprima del file nel post, che servizio usi? mi sembra molto funzionale.

    un bacione
    Creme Brulee

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Grazie a te e il tuo blog che si è tradotto! Che grazie a te ho tradotto quello che ho potuto leggere, avevo pensato di comprare l'edizione speciale solo per avere la lettera di Paullina e scena inedita, ma non ho i soldi. Così guardare, quando l'ho visto nel tuo blog sono stato molto felice. E ho visto che c'erano poche pagine, ho deciso di tradurlo per i fan spagnoli. ;)

      Sì, la scena è pieno di significato, collegato con il prequel. * 0 * mi piace.
      Qui in Spagna al momento non prevede di pubblicare, ma le dita cruzemos. Speriamo di pubblicarlo, sia qui e là nella vostra Italia.

      Il servizio che ho usato per il file è SkyDrive da Hotmail. =)

      Baci enormi, Creme Brulée. Come sempre, grazie per aver visitato e commentando.

      Eliminar
  4. Muchísimas gracias por la traducción, me ha encantado la escena :)
    Un beso!

    http://we-are-fire-and-rain.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  5. Muchas de nadas, chicas. ¡Gracias a vosotras por comentar! ;)

    ResponderEliminar
  6. muchas gracias, no os gustaria la versión del libro pero con los ojos de él todo el rato?? Muchas gracias de nuevo por la traducción

    ResponderEliminar
  7. Gracias por la información!! me ha encantado!!!

    Besos.

    ResponderEliminar
  8. Para cuando el tercer libro en España estos es extraño 2013 sale pero cuando. Gracias contestarme por favor

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Victor, la redicción del tercer libro saldrá este año, si, pero aun no sabemos la fecha exacta. En cuanto tengamos noticias os la haré saber, tranquilo, de momento hay que tener paciencia. ;)

      Eliminar
  9. Que Feliz estoy con la noticia cuando salga estare en primera fila ;-) con referencia a mi no me gusta para nada, nuestro Alexander difiere mucho de El, hace unos dias vi una serie llamada Hermanos Grimm el protagonista me encanta se llama David Giuntoli da para nuestro Shura ;-P

    ResponderEliminar
  10. Gracias por la información!!! Me ha encantado. Es una escena preciosa.

    ResponderEliminar
  11. ¡Ya me leí la carta y la pequeña escena que la acompañaba! Muchas gracias por traducirla y compartirla con nosotras. Sí que es verdad que hay detalles importantes en esa escena, como lo del Lago Ilmen o lo de Bellagrand. Qué suerte tuvieron las australianas jeje. ¡Besos!

    ResponderEliminar
  12. ¿Podrías volverla a subir?No puedo leerla :(

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, la volveremos a subir, no nos habíamos dado cuenta de que con los cambios que hemos hecho en el blog se había caído. Gracias y perdona que te hayamos respondido tan tarde... ;)

      Eliminar

Trata que tus comentarios hagan referencia al artículo publicado y que no contengan spoilers. Los mensajes fuera del tema, promocionales o aquellos que resulten ofensivos para los usuarios de la página, serán suprimidos.

¡Muchas gracias por comentar! ;)